Todo empezó en las calles. El graffiti me enseñó a pensar en imágenes que tienen que funcionar solas, a la libre interpretación de cualquiera que pase por delante. Después llegó la dirección audiovisual, y con ella el storyboard, que es casi lo contrario: una imagen que solo cobra sentido junto a la siguiente. Lo que hago se mueve entre esos dos mundos.
Me interesan los personajes que no encajan en ningún lugar, las escenas donde se confunden la realidad con los sueños y las atmósferas sobrecargadas a punto de romperse. Es en ese lugar donde todo comienza a emborronarse desde el que construyo mis imágenes llenas de melancolía y caos poético.
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Todo empezó en las calles. El graffiti me enseñó a pensar en imágenes que tienen que funcionar solas, a la libre interpretación de cualquiera que pase por delante. Después llegó la dirección audiovisual, y con ella el storyboard, que es casi lo contrario: una imagen que solo cobra sentido junto a la siguiente. Lo que hago se mueve entre esos dos mundos.
Me interesan los personajes que no encajan en ningún lugar, las escenas donde se confunden la realidad con los sueños y las atmósferas sobrecargadas a punto de romperse. Es en ese lugar donde todo comienza a emborronarse desde el que construyo mis imágenes llenas de melancolía y caos poético.
Sobre el papel trabajo el lápiz, los pasteles y la tinta; sobre la pantalla el óleo, la acuarela y las texturas; sobre las paredes el spray, la pintura y las plantillas. Jamás podría escoger entre ninguna de esas herramientas porque es al mezclarlas cuando descubro la manera de elaborar todas esas escenas en constante mutación.